
Amanecía. Estaba oscuro y frío el día, debido a la nevazón de la noche
anterior. Sentía como mi pesado aliento calentaba la atmósfera hasta
desaparecer en el ambiente. Me quede por un rato mas en la cama.
Sentía el cuerpo pesado de la noche anterior. Ella no estaba a mi lado.
Aún sentía su cuerpo junto al mio, pero ya no era así. Recordaba aún
esos momentos. Ella tímida ante mi. Yo estaba peor que ella, tenía
miedo de hacerle daño. Me acerque a ella. La tome por la cintura.
Le enseñe el movimiento de amor. Miraba a sus ojos, que tiritaban
con miedo ante mi, pero se dejaba estar. Yo le daba un beso, ella me lo devolvía.
Le daba otro, ella también lo hacía. La acogía entre mis brazos. Le susurraba en el
oído que la quería, que nada iba a pasarnos. Ella se apegaba a mi, con miedo.
Yo la acogí en mis brazos. Le prometí que la llevaría lejos, en donde nadie nos
molestaría, en donde el dolor no existiría. Tiritaba. Lo sentía. La afirme
fuerte mientras ella se agitaba en inmensas sacudidas. Sentía como ella se iba.
Pronto sus extremidades se aflojaron. La mantuve cerca de mi pecho, por cerca
de una hora. Me quede profundamente dormido. Hoy amanezco aquí.
Encerrado en este sufrimiento. Se que no la veré mas. Y que nadie nos comprendío.
Yo la quería. No quise que esto pasase. Era mi hija. Jamás la quise muerta.



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